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dilluns, 24 de setembre del 2012

TENGO QUE DESCONECTAR. Gaspar Hernàndez.


Hay personas tan distraídas y preocupadas que ni siquiera ven lo que tienen enfrente.
Es frustante tomar un café con alguien que está todo el rato hablando por el móvil y no contigo.
No acabo de comprender la expresión «tengo que desconectar». No sé ustedes, pero yo me paso el día viendo a gente desconectada.
No me refiero a personas que desconectan después del trabajo (las afortunadas que lo tienen), ni a las que desconectan durante este, las que practican la llamada «dimisión interior». Es como si dijeran: «Estoy a disgusto con este trabajo y mentalmente he dimitido, aunque sigo por el sueldo, y mientras, me escaqueo o voy mirando mi perfil de Facebook, que es lo único que meproporciona alegrías». Me refiero a las personas que todo el santo día están desconectadas. ¿A qué se conectan? A todo y a nada. Pero aparentemente están muy ocupadas.
Dice el médico Jon Kabat-Zinn, profesor de la Universidad de Massachusetts y uno de los máximos divulgadores de la llamada «atención plena», que cada vez hay más gente desconectada. Gente tan «distraída y preocupada» que ni siquiera ve lo que tiene enfrente, ni escucha los sonidos que registra su aparato auditivo. Y permanecen ajenas al mundo de los olores, los sabores el tacto...
William James escribió en Principios de Psicología: «la facultad de dirigir deliberadamente nuestra atención errante, una y otra vez, constituye el fundamento mismo del juicio, el carácter y la voluntad. Nadie puede ser dueño de sí mismo si carece de ella. Cualquier educación que mejore esta facultad será una educación excelente».
El psicólogo William James escribió este fragmento en 1890. Si hoy viese a tanta gente desconectada y, aparentemente, conectada -a través de los ordenadores, teléfonos móviles y tabletas-, probablemente llegaría a la conclusión de que este es un mundo de zombis. «Prestar atención es algo que hacemos de manera tan selectiva y fortuita que no solemos ver lo que se halla frente a nuestras propias narices» dice Jon Kabat-Zinn en el libro La práctica de la atención plena (editorial Kairós).
Ya hemos hablado aquí de lo frustrante-y habitual, por desgracia que resulta quedar con alguien para tomar un café y que esté todo el rato hablando por el móvil y no contigo. El único modo de restablecer el contacto con lo real, dice Kabat-Zinn, pasa por los sentidos. Los sentidos son la única ventana que permiten acceder al «paisaje interno del ser» y «al paisaje externo de lo que llamamos mundo», y del que estamos desconectados. La intuición, según este médico y según el budismo, sería una especie desentido. Y la mente también. Una especie de sexto sentido. Pero solo eso. Un sentido más. No el único.
Cuanto más mal uso hagamos de la tecnología, cuanto más interrumpamos una conversación, un paseo, una lectura, para mirar el móvil -imposible desconectar si no paramos de leer los correos electrónicos que nos llegan del trabajo; nuestra mente tarda unos segundos en regresar al paseo o a la lectura, o quizá ya no regresa-, más necesario será, según Kabat-Zinn, que nos preguntemos: ¿Cuándo tendremos tiempo para nosotros? ¿Cuándo nos permitiremos simplemente ser? ¿Sabríamos, en tal caso, qué hacer con el tiempo? ¿Podemos estar conectados con nosotros mismos?

LA NATURALEZA
He aquí la cuestión: conectarse con uno mismo. Qué susto, dirán algunos. Qué aburrido, dirán otros. Pero atención: conectarse con la naturaleza también es conectarse con uno mismo. A Jon Kabat-Zinn le sucede esto cuando pasea por un campo que está cerca de su casa: "Cuando más conectado estoy con mis sentidos, menor es la separación que existe entre la visión que me ofrece el campo y yo"


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