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dimecres, 11 de desembre del 2013

SÓLO ES FELIZ QUIEN NADA ESPERA. André Compte-Sponville. La Contra.


¿Qué es un filósofo?
—Tú..., si intentas pensar tu vida y vivir tu pensamiento.

Suena... egocéntrico, ¿No?
—No, tu vida, aquí y ahora, está incardinada en la sociedad, en la historia, en el mundo. Y vivir tu pensamiento significa ¡Actuar!

¿Con qué fin?
—¡Vivir mejor! Filosofar es eso: Pensar mejor para vivir mejor.

¿Y qué es vivir mejor?
—¡Ésa es la pregunta filosófica por excelencia! Al hacértela, estás ya filosofando.

Mira por dónde...
—Filosofar es intentar responder esencialmente a esa pregunta: «¿Cómo vivir?». Otras ramas del pensamiento pueden responder a muchas otras preguntas, ¡Pero no a ésa!

Pues ayúdeme a filosofar: ¿Cómo vivir?
—Felices.

¡Acabáramos!
—El objetivo de la filosofía es la felicidad.

¿Y qué entiende usted por felicidad?
Ese estado en el que nada esperas.

¿El que nada espera... es feliz?
—Sí. Si ansías ser feliz, no lo eres. Por tanto, ese deseo, esa espera de la felicidad... ¡Es justamente lo que te separa de la felicidad!

¿Si tengo esperanzas, soy infeliz?
—Sí, sí. ¡Sólo quien nada espera es feliz! Esperar vivir... es no vivir. Nada esperes: ¡Vive!

¿Cómo?
—Mira, no desees lo que no dependa de ti o garantizarás tu insatisfacción. En cambio, ¡Desea lo que sí dependa de ti! Eso te llevará a actuar y a amar, ¡Y eso sí que te satisfará!

Debo actuar y amar sin esperanzas, pues.
—Desesperadamente, sí, con una «gaya» desesperación, una desesperación alegre. «¡Sabio es el que nada espera!», dijo Spinoza.

¿Ser sabio y ser feliz es lo mismo?
—La felicidad derivada de la filosofía es una felicidad no enraizada en la ilusión o el autoengaño, sino en la verdad: Es un gozo nacido de la verdad. Sabiduría, así, es el máximo de felicidad en el máximo de lucidez.

Sabio es, pues, todo ser lúcido que es feliz.
—Sabio es el que nada teme. Porque el que espera, teme (no conseguir lo que espera). Si no esperas, ¡No temes! La sabiduría consiste en la serenidad del actuar y del amar.

No esperar... ¿Vivo el presente, pues?
—Sí, un presente pleno, lo que incluye recuerdos del pasado y fantasías de futuros: ¡Vive gozando de ese recuerdo (eso es la gratitud) y de esas fantasías (eso es la confianza)!

Y usted, André..., ¿Es feliz?
Depende del momento. Pero cuando me siento feliz, lo vivo con plenitud; y cuando me siento infeliz, lo acepto con serenidad.

¿Qué filósofo le inspira más a usted?
Montaigne, ¡Que no es feliz y lo acepta! Creo en esa sabiduría no absoluta, pues nadie es sabio cien por cien, ni cien por cien loco.

Es un alivio, sí...
—Sí, porque hay que contar con el factor del azar: Ni mi felicidad depende de mí solo mérito, ni mi infelicidad de mi sola culpa...

Si el azar me trae un cáncer, ¿Cómo vivir?
—Primero, di sí.

¿Sí?
—«Sí, tengo un cáncer.» La primera palabra de la felicidad es siempre ¡Sí! Segundo: Actúa, lucha en todo lo que de ti dependa. Tercero: ¡Ama! Continúa amando lo que amas: Tus hijos, el cielo, tu ciudad... Un amigo mío moría de cáncer y me dijo por teléfono: «Oigo los pájaros cantar: Es maravilloso». Eso es el amor: El gozo en lo que existe, en lo que es.

Si muere un hijo mío, ¿Qué gozo hay ahí?
—Sientes que ya nunca podrás volver a ser feliz... Yo lo sé, porque... yo... perdí un hijo.

Oh, lo siento, yo no sabía...
—Sólo puedes hacer esto: Llorar, sufrir, ser paciente. Y seguir amando lo que es, y eso incluye lo que vivisteis juntos, a tus otros hijos, un paisaje... Y, a los dos años, descubrí que el gozo es posible. Así fue... Perder la capacidad de amar es la más grave enfermedad.

Y si amo mucho y me enamoro de una mujer que no es mi mujer, ¿Qué, eh?
No es razonable querer ser siempre razonable: Si llega la pasión, dile sí. Pero sé consciente de esto: Esa pasión es una ilusión por lo desconocido, y cuando te emparejes con esa mujer matarás el misterio. Y, ¡Ante todo!, nada de esto deben pagarlo tus hijos.

¿La experiencia habla por su boca?
—Y las de otros. Suscribo lo que dijo Serge Gainsbourg: «Uno se enamora de su pareja por lo que no es y la abandona por lo que es». Esa ilusión —la pasión— se transforma en amor... ¡Cuando amas al otro por lo que es!

¿Y si es mi esposa la que me abandona?
—Acéptalo... y reemplázala.

Oiga, ¿Estamos todavía filosofando?
—Claro que sí: La filosofía tiene a la vida como objeto, la razón como medio y —como te he dicho— la felicidad como objetivo.

Pero ¿Puedo ser feliz ante el desgraciado panorama del mundo actual?
Si para ser feliz esperas a que el mundo vaya bien, ¡Jamás serás feliz! ¿O acaso crees que hubo alguna época pasada en la que el mundo anduvo bien? Mira, acepta que es así y actúa en todo lo que tú puedas actuar, ¡Y ama! ¡Ama a tus enemigos!

Anda ya.
Sí, si los amas, significa que los reconoces como enemigos, que existen como tales. ¡Pero los combates mediante la alegría y el amor en vez de con la tristeza y el odio...!

Acaba usted filosofando evangélicamente.

—Acabo como mi admirado Montaigne, que remataba así sus ensayos: «¡Yo amo la vida!». Montaigne ama más la vida que la sabiduría. El verdadero sabio, más que el que cree en la sabiduría, es el que ama la vida tal como es, incluida su dimensión de locura. ¡Ama, que la vida pasa... y nosotros con ella!



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